México: ¿Crecimiento sin productividad? La informalidad impulsa la economía
El crecimiento económico mexicano depende cada vez más de la informalidad, lo que implica una desaceleración estructural y riesgos para el desarrollo a largo plazo.
La economía mexicana atraviesa un periodo de desaceleración estructural, donde el motor de crecimiento ya no reside en el aparato productivo formal, sino que se desplaza hacia actividades informales. Esta situación, reflejada en datos del INEGI y del ITESO, plantea serios desafíos para la competitividad y el desarrollo a largo plazo del país.
El dinamismo reciente de la economía mexicana encuentra su principal fuente de impulso en la informalidad. De acuerdo con el Sistema de Cuentas Nacionales, el Valor Agregado Bruto (VAB) de este segmento creció un 1.8% anual durante los primeros nueve meses de 2025, mientras que el Producto Interno Bruto (PIB) apenas avanzó un 0.5%. Esta brecha evidencia un fenómeno estructural preocupante: la mayor parte del crecimiento económico proviene de actividades de baja productividad.
El auge de la informalidad y sus consecuencias
“Prácticamente el 90% del incremento de la economía general se debe a la informalidad, lo cual es preocupante”, afirma Elvira Mireya Pasillas Torres, responsable editorial del análisis del ITESO. Esta situación no solo implica un crecimiento económico modesto, sino que también se asienta sobre bases frágiles, con menor capacidad para generar valor agregado sostenible a largo plazo.
Jalisco, como economía regional con vocación industrial y exportadora, refleja esta tendencia nacional con menor dinamismo formal. El crecimiento del VAB informal fue de 1.6% anual al tercer trimestre de 2025, mientras que la economía total del estado —medida a través del ITAEE— avanzó apenas un 0.9%. Esta dinámica evidencia una reconfiguración del mercado laboral hacia esquemas más precarios y menos productivos.
El debilitamiento del tejido empresarial formal
El deterioro del tejido empresarial formal es uno de los efectos más relevantes de esta tendencia. En los últimos 12 meses, México perdió 26 mil 510 patrones registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social, acumulando 20 meses consecutivos de caídas. Jalisco no escapa a esta realidad: con 19 meses de disminución continua y la pérdida de 2 mil 006 patrones entre febrero de 2025 y febrero de 2026. Tan solo en el primer bimestre de este año, se dieron de baja 746 registros patronales, equivalente a la desaparición de 12 empresas al día.
“Si no se revierte la tendencia en la caída de los patrones, la economía informal va a seguir creciendo… lo cual no es nada positivo porque la economía es menos productiva y se pone un freno al crecimiento en el futuro”, advierte Pasillas. Este fenómeno sugiere un entorno empresarial más adverso, con mayores costos, incertidumbre o menor rentabilidad para operar en la formalidad.
Impacto en el mercado laboral y la productividad
El impacto de esta desaceleración también es visible en el mercado laboral formal. En Jalisco, la generación de empleo cayó un 91% en comparación anual: de 25 mil 591 puestos creados en el primer bimestre de 2025 a solo 2 mil 304 en el mismo periodo de 2026. A nivel nacional, se generaron 174 mil 674 empleos formales, una cifra un 9.3% menor frente al año anterior.
La desaceleración del empleo formal coincide con el avance de esquemas laborales sin seguridad social, lo que reduce la calidad del empleo y limita el acceso a derechos básicos. La productividad se mantiene como uno de los principales retos para el país en este escenario, donde el bajo dinamismo económico también se refleja en la actividad industrial.
Un futuro incierto: ¿crecimiento sin productividad?
El avance de la informalidad como principal motor económico plantea un dilema estructural: crecimiento sin productividad. Si bien permite sostener el consumo y generar ingresos en el corto plazo, limita la capacidad del país para escalar en cadenas de valor, atraer inversión y fortalecer su base fiscal.
De mantenerse esta tendencia, México podría enfrentar un escenario donde el crecimiento económico sea cada vez más limitado, desigual y vulnerable a choques externos. La clave hacia adelante radica no solo en crecer, sino en definir cómo y desde dónde se construye ese crecimiento, impulsando un modelo que fomente la productividad, la formalización y una distribución más equitativa de los beneficios económicos.
Compartir noticia