Crónica de terror: cómo las operaciones recientes del ICE desataron violencia, protestas y crisis
Desde el mortal disparo de un agente federal contra una ciudadana estadounidense hasta detenciones polémicas de trabajadores tras servir la comida a esos mismos agentes, en apenas una semana, las acciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) en Minneapolis se han convertido en epicentro de un torbellino de violencia, detenciones, polarización política y protestas masivas.
Hacemos un recuento de una serie de hechos han puesto a la agencia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) en Minneapolis en el centro de una crisis de legitimidad.
Este reportaje reconstruye, con fechas y lugares, las historias más impactantes que han marcado los últimos días.
Minneapolis, 7 de enero — El tiroteo que encendió la chispa
El 7 de enero, en Minneapolis (Minnesota), un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) mató a tiros a Renée Nicole Good, una mujer estadounidense de 37 años, durante una redada migratoria en el vecindario del sur de la ciudad.
Las autoridades federales han defendido la acción como “defensa propia”, alegando que Good intentó embestir a los agentes, mientras que testigos, autoridades locales y activistas cuestionan esa versión.
Ese disparo mortal no solo provocó una investigación del FBI y debates en el Congreso estadounidense sobre las competencias del ICE, sino que detonó protestas que se multiplicaron durante toda la semana.
12–13 de enero — Protestas en Minneapolis y más allá
En los días posteriores, miles de manifestantes tomaron las calles de Minneapolis y otras ciudades norteamericanas para exigir justicia por Good y denunciar las tácticas de la agencia federal. Las protestas, a veces acompañadas de gases lacrimógenos y arrestos, reflejan el rechazo creciente a la presencia masiva de agentes federales.
Se reportaron detenciones de manifestantes y uso de medidas de control de multitudes, marcando un ambiente de confrontación constante entre activistas y fuerzas del orden.
14 de enero — Incidentes adicionales y heridos
El 14 de enero, otro episodio violento marcó la semana: un hombre venezolano resultó herido de bala por un agente del ICE en una zona residencial de North Minneapolis durante una confrontación. Las autoridades locales indicaron que surgió un forcejeo entre el sospechoso y el agente, lo que terminó con un disparo en la pierna.
15 de enero — Un bebé alcanzado por gas lacrimógeno en medio de las protestas
La noche del 15 de enero, durante una de las manifestaciones más tensas frente a un operativo del ICE en Minneapolis, un bebé de pocos meses resultó afectado por gas lacrimógeno tras la intervención de fuerzas federales para dispersar a los manifestantes.
De acuerdo con testimonios y videos difundidos por medios locales e internacionales, la familia del menor se encontraba en las inmediaciones de la protesta cuando los agentes lanzaron gases para controlar a la multitud, provocando que el niño presentara dificultades respiratorias y fuera atendido de emergencia por paramédicos. El hecho generó una fuerte ola de indignación en redes sociales y entre organizaciones de derechos civiles, que acusaron a las autoridades de uso desproporcionado de la fuerza y de poner en riesgo a población vulnerable, incluidos menores de edad, en el contexto de las protestas contra las redadas migratorias.
16 de enero — Hostilidad cotidiana: detenciones tras una comida
La tensión se extendió incluso a actos aparentemente inofensivos: en Willmar, Minnesota, agentes del ICE detuvieron a trabajadores de un restaurante mexicano después de que los mismos hubieran atendido a esos oficiales en la comida. El incidente ha sido interpretado por activistas como un gesto de retaliación y una ilustración más del clima de miedo generado por los operativos.
Contexto y repercusiones
Las acciones recientes del ICE no solo han elevado el nivel de confrontación en Minneapolis, sino que han avivado un debate nacional sobre el uso de la fuerza, las políticas migratorias, la militarización de las fronteras internas y la protección de derechos civiles. Las protestas planeadas y las movilizaciones —en algunos casos acompañadas por decenas de miles de personas— señalan una fractura creciente entre las comunidades afectadas y las autoridades federales.
Grupos por los derechos civiles, legisladores y activistas han exigido investigaciones independientes, transparencia y reformas estructurales al funcionamiento de ICE, mientras líderes locales y estatales instan a la calma para evitar una escalada aún mayor del conflicto.
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