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Fiebre de plata en Bolivia: Jóvenes arriesgan sus vidas por el metal precioso

La nueva fiebre de la plata en Bolivia atrae a jóvenes mineros a Cerro Rico, donde el trabajo peligroso y las condiciones precarias ponen en riesgo sus vidas por salarios elevados.

Hace unos 500 años, las minas de plata de Bolivia enriquecieron enormemente al reino español. En la actualidad, los altos precios impulsan una nueva fiebre de la plata, con trágicas consecuencias para los jóvenes mineros de Potosí.

Cerro Rico se alza 4.800 metros sobre el nivel del mar, y a sus pies se encuentra el pueblo minero de Potosí, en los Andes bolivianos.

Su interior albergó en su día el yacimiento de plata más grande del mundo. En el siglo XVI, los conquistadores españoles obligaron a los trabajadores indígenas a extraer plata antes de llevarla a Europa. Este metal constituyó el capital del imperio español.

El Legado Devastador de la Fiebre de la Plata

Las brillantes vetas de plata que antaño recorrían la montaña han sido explotadas durante décadas.

Hoy en día, las históricas minas son patrimonio de la humanidad de la Unesco. Sin embargo, miles de mineros siguen trabajando en Cerro Rico, incluso 500 años después de la Conquista. Además de plata, también se extrae zinc, estaño y plomo.

Un trabajador muestra una pepita de plata hallada en Cerro Rico: hace cuatro años, el metal precioso costaba menos de 20 dólares la onza, pero ahora su precio ronda los 87 dólares. El precio del estaño, usado en semiconductores, también se ha triplicado en cuatro años, al superar los 57.000 dólares por tonelada (alrededor de 1,50 dólares por onza).

Un Nuevo Auge y sus Consecuencias

El aumento de precio está provocando una nueva fiebre de la plata, que ya no se usa únicamente en joyería, sino que se emplea principalmente en la producción de vehículos eléctricos y paneles solares. Los mineros que trabajan bajo tierra en Cerro Rico y otras minas de los alrededores de Potosí ganan un salario mensual de alrededor de 1.000 dólares, más del doble que el salario mínimo en Bolivia.

Sin embargo, este auge económico va acompañado de riesgos para la vida y la salud de los trabajadores. Las condiciones laborales son precarias y peligrosas, lo que pone en peligro su bienestar físico y mental. El trabajo minero es un desafío constante, no solo por la dificultad de las tareas, sino también por el entorno hostil en el que se realizan.

Trabajo peligroso en minas como Cerro Rico se traduce en riesgos constantes para los mineros. La extracción de minerales requiere de esfuerzo físico intenso y expone a los trabajadores a múltiples peligros, como derrumbes, asfixia por gases tóxicos y enfermedades respiratorias relacionadas con el polvo mineral. La falta de medidas de seguridad adecuadas agrava aún más estos riesgos.

La maldición de la plata se hace presente en Potosí, donde la historia se repite. Atraídos por las oportunidades económicas, los jóvenes se arriesgan a trabajar en condiciones extremas. En la búsqueda del metal precioso, muchos pierden la vida o ven su salud amenazada. Es urgente tomar medidas para proteger a los trabajadores y garantizar un futuro más seguro para ellos.

La Salud Amenazada en la Búsqueda de la Plata

En la época colonial, Potosí, con su población de 160.000 habitantes, llegó a ser más grande que Londres o Roma. Hoy, el auge del metal ha vuelto a impulsar la llegada de jóvenes. Atraídos por las buenas oportunidades de ingresos, los hombres, en particular, arriesgan sus vidas. Según cifras del gobierno, al menos 32 mineros murieron en el departamento de Potosí solo entre enero y febrero de 2026.

El trabajo es peligroso: tras cinco siglos de minería, Cerro Rico está tan plagado de túneles que se ha vuelto un laberinto inestable. Cualquier instante puede convertirse en una tragedia si no se toman precauciones estrictas. Sin embargo, la falta de recursos y la presión económica llevan a muchos mineros a ignorar los riesgos inherentes a su labor.

La mayoría de las víctimas tienen entre 20 y 25 años. Estos jóvenes, con ilusiones y sueños por cumplir, se convierten en carne de cañón en un sistema que prioriza el lucro sobre la seguridad humana. La realidad es cruel: muchos mineros nunca regresan a casa.

"Una situación casi de esclavitud", describe el investigador minero Héctor Córdova al hablar del sistema actual. Las cooperativas, que gestionan las minas, han dejado de trabajar en primera línea y han contratado a personas para realizar las labores más peligrosas. Esta práctica expone a los trabajadores a un ciclo vicioso de explotación y pobreza.

Para calmar el hambre y la sed, los trabajadores mastican hojas de coca, una tradición que también ayuda a combatir el mal de altura. Los mineros, reclutados por cooperativas, no tienen seguro médico ni equipo de seguridad más allá de cascos. "Nunca sabemos si saldremos sanos y salvos", declara uno de los casi 15.000 mineros que siguen activos.

La situación en Potosí es un reflejo de la realidad en muchas partes del mundo, donde la búsqueda de recursos naturales pone en riesgo la vida y la integridad de los trabajadores. Es necesario tomar medidas para garantizar sus derechos laborales y proteger su salud. La fiebre de la plata debe terminar, pero no antes de que se asegure el bienestar de quienes arriesgan sus vidas por extraer este metal tan codiciado.

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