Kazajistán apuesta por la IA con un complejo energético de 30 mil millones de dólares
Kazajistán busca convertirse en un centro global de inteligencia artificial con energía barata, conectividad y un marco legal atractivo para empresas tecnológicas.
En Ekibastuz, una ciudad industrial del norte de Kazajistán conocida por su carbón, el Gobierno está apostando 30.000 millones de dólares a una idea poco explotada: que el futuro de la inteligencia artificial dependa tanto de la geología como del software. Allí, sobre un nodo energético heredado de la era soviética, el Ejecutivo actual quiere levantar un complejo capaz de escalar hasta un gigavatio de potencia computacional —una cifra que situaría el proyecto Data Center Valley en la liga de los grandes hubs globales de datos—. Su objetivo final es atraer desde mineros de criptomonedas hasta gigantes de la inteligencia artificial.
Aprovechando la fragmentación global
El momento no es casual. Mientras la guerra entre Estados Unidos e Irán fragmenta aún más el sistema internacional —afectando a rutas energéticas, flujos comerciales y de capital, o el suministro de tecnología— , Kazajistán busca posicionarse como un actor relevante en el panorama digital global. El país ve una oportunidad en la incertidumbre, ofreciendo estabilidad política y económica en un entorno volátil.
Sin embargo, la energía barata es inútil para la atracción empresarial sin un marco legal que lo proteja. Es aquí donde Kazajistán ha jugado su segunda carta con la creación del Centro Financiero Internacional de Astaná (AIFC). Operando bajo los principios del derecho común inglés, con jueces británicos independientes y su propio sistema de arbitraje, el AIFC pretende ser un oasis contra el riesgo de que las sanciones internacionales aíslen al país.
El diseño ha logrado su objetivo, pues ha propiciado que, tras la invasión de Ucrania y la subsiguiente desconexión de Moscú de los mercados globales, el capital internacional que antes se gestionaba desde Rusia se haya relocalizado masivamente hacia Astaná, convirtiendo a la ciudad en la nueva puerta de entrada de la inversión en Asia Central.
Una apuesta por el desarrollo tecnológico
Este entorno ha servido de caldo de cultivo para el primer mercado de criptoactivos institucionalizado de la región. El lanzamiento del fondo BETF, el primer ETF (fondo cotizado) de bitcoin al contado en Asia Central en agosto de 2025, que se intercambia en la Bolsa Internacional de Astaná (AIX) y custodiado por la firma estadounidense BitGo, marca un hito para el país. Zhaslan Madiyev, viceprimer ministro de Kazajistán y ministro de inteligencia artificial y desarrollo digital, insiste en que el país ha pasado de un auge minero descontrolado a un régimen de licencias estrictas para operadores globales como Binance (el mayor exchange cripto en el mercado, con unos 300 millones de usuarios) y Bybit. Esta transición responde a lo que el ministro describe como un dilema estratégico: “¿Permites primero que el sector crezca enormemente y luego pones la regulación para controlarlo, o pones la regulación primero e intentas crecer después?”.
Según Madiyev, “Kazajistán ha elegido el camino más difícil pero más seguro”. Su visión a futuro pasa por facilitar que las entidades bancarias ofrezcan la posibilidad de cambiar moneda fiduciaria por criptomonedas, y viceversa.
La ambición del país por ser una meca digital ha permitido a actores privados utilizarlo como plataforma de experimentación. Ese es el caso de Freedom Holding Corp, liderada por Timur Turlov, de origen ruso pero nacionalizado kazajo. Su filial bancaria, Freedom Bank, ha desarrollado servicios financieros muy digitalizados que reducen procesos tradicionales —como la concesión de hipotecas o préstamos— a tiempos inusualmente cortos. Este modelo se apoya en la integración con 120 bases de datos estatales y en el uso extensivo de aprendizaje automático para evaluar riesgos y verificar identidades casi en tiempo real. Turlov insiste en que si esto ha sido posible es porque “aquí la competencia es menor y resulta más fácil tener acceso directo al Gobierno”. Además, al tener menos trabas burocráticas, “es mucho más barato lanzar nuevos productos y usarlo como campo de experimentación para después desplegarlo en otros mercados”.
Los retos por delante
Pero, a pesar del optimismo gubernamental, todavía quedan muchos flecos para que el país se consolide como un jugador de las grandes ligas en el mundo digital. Primero, debe completar proyectos de conectividad, como el cable de fibra óptica transcaspiano, que uniría Asia con Europa sin cruzar territorio ruso. A ello se suma la imagen de un país bajo un sistema centralizado, autoritario y con un historial complejo de derechos civiles.
A nivel interno, el reto es igual de complejo. El propio Gobierno reconoce que una economía basada en datos exige, además de energía, capital humano, ciberseguridad y resiliencia de red. La creación de un ministerio específico de inteligencia artificial y la apuesta por formar talento local reflejan esa urgencia gubernamental. En cualquier caso, el ministro Madiev tiene esperanza en que podrá convencer a las Big Tech de que la seguridad de la estepa es preferible a la incertidumbre del Golfo.
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