Pekín reduce un 98% la contaminación en 12 años: ¿Cómo lo logró?
Pekín redujo en un 98% la contaminación entre 2013 y 2025 gracias a restricciones al tráfico, control industrial y la electrificación del transporte.
La transformación progresiva en la calidad del aire que experimenta Pekín es un ejemplo a nivel mundial de cómo la implementación de estrategias audaces puede revertir situaciones complejas como la contaminación atmosférica. A lo largo de poco más de una década, la capital china ha logrado reducir en un 98% las partículas PM2.5, el contaminante más utilizado para medir la calidad del aire urbano, convirtiéndose en un referente para otras ciudades que buscan mejorar la calidad de vida de sus habitantes.
Un cambio estructural en la atmósfera de Pekín
Esta reducción no es solo una mejora puntual, sino una transformación estructural impulsada por políticas públicas que han abordado de manera integral las fuentes de contaminación. El impacto más visible se refleja en el aumento significativo de los días con aire limpio o moderado: durante 2025, Pekín registró 311 jornadas con niveles bajos o aceptables de PM2.5, la cifra más alta desde que se inició la monitorización sistemática de la calidad del aire.
La reducción emisiones como pilar fundamental
Las autoridades ambientales chinas subrayan que este resultado no se explica por factores meteorológicos aislados, sino por una reducción constante de las emisiones procedentes del tráfico y de la industria pesada. En 2013, cuando los niveles de contaminación alcanzaron su máximo histórico, el Gobierno central y el municipal pusieron en marcha un plan de acción específico contra la polución atmosférica, centrado en el transporte y en las emisiones industriales.
- Reducción contaminación mediante la retirada progresiva de vehículos antiguos
- Implementación de estándares de emisiones equivalentes a la normativa Euro 6 para los coches nuevos
- Limitación de la circulación en episodios de alta contaminación mediante sistemas de matrículas pares e impares
- Ampliación notable de la red de transporte público, con el objetivo de reducir la dependencia del coche privado
Estas medidas, combinadas con la electrificación del parque móvil, han dado como resultado una disminución directa de las emisiones contaminantes.
La electrificación como motor del cambio
China cuenta ya con cerca de 37 millones de vehículos en circulación, de los cuales alrededor del 10% son eléctricos, híbridos enchufables o de tecnologías alternativas. En la capital, la proporción es aún mayor debido a los incentivos específicos. Las ventas de coches eléctricos han crecido de forma constante: en 2020 representaban apenas el 5 % del mercado, mientras que en 2025 superaron el 50% de las nuevas matriculaciones, según datos preliminares. En Pekín, estos vehículos han quedado excluidos de algunas restricciones de circulación por contaminación, lo que ha acelerado su adopción.
En 2024 se vendieron más de 640.000 vehículos eléctricos nuevos en la ciudad, cifra que siguió aumentando en 2025. A escala nacional, las matriculaciones superaron los 12 millones de unidades en un solo año. Este cambio se ha visto acompañado por una amplia red de puntos de recarga y por la electrificación de taxis y autobuses urbanos.
Un nuevo escenario en la gestión urbana
Aunque los niveles de contaminación de Pekín todavía se sitúan por encima de los registrados en ciudades europeas como Madrid, París o Berlín, la velocidad del descenso no tiene precedentes recientes. Mientras que otras grandes urbes necesitaron varias décadas para controlar las partículas en suspensión, la capital china ha logrado contenerlas en poco más de diez años, marcando así un nuevo escenario en la gestión urbana de la calidad del aire.
El éxito de Pekín demuestra que con una voluntad política firme y estrategias bien diseñadas es posible lograr avances significativos en la lucha contra la contaminación. La experiencia de la capital china sirve como inspiración para otras ciudades que buscan implementar soluciones innovadoras para mejorar la salud y el bienestar de sus ciudadanos.
La reducción de la contaminación atmosférica no solo implica un beneficio para la salud pública, sino también una mejora en la calidad de vida de las personas. Un aire más limpio permite disfrutar del entorno urbano de forma más placentera, reduciendo los problemas respiratorios y otros efectos negativos asociados a la contaminación.
La transformación que ha experimentado Pekín en materia ambiental es un ejemplo palpable de cómo la innovación y la acción conjunta pueden contribuir a construir ciudades más sostenibles y habitables para todos. La lección aprendida en la capital china nos recuerda que es posible lograr avances significativos en la lucha contra la contaminación, siempre y cuando haya una voluntad política firme y estrategias bien diseñadas.
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