Canadá firma acuerdo comercial con China desafiando a Trump

Canadá firma un acuerdo comercial con China que reduce aranceles, desafiando a Trump y diversificando su comercio.

El escenario del comercio internacional se encuentra en constante transformación, con nuevas alianzas y realineamientos estratégicos que marcan la ruta de la economía global. En este contexto, Canadá ha dado un paso audaz al firmar un acuerdo comercial con China, desafiando las políticas arancelarias proteccionistas del presidente estadounidense Donald Trump y abriendo nuevos mercados para sus productos.

Un nuevo rumbo en las relaciones económicas

El gobierno del primer ministro Mark Carney anunció el convenio en Beijing, donde se estableció la reducción del impuesto del 100% sobre los vehículos eléctricos chinos. Este cambio representa una señal clara de realineamiento económico por parte de Canadá, que históricamente ha dependido del mercado estadounidense para sus exportaciones.

Edward Alden, investigador del Consejo de Relaciones Exteriores, señaló que Ottawa percibe ahora a Washington como un riesgo socio comercial más que a Beijing, lo que impulsa esta nueva estrategia comercial. El acuerdo llega en un momento especialmente delicado para Carney, ya que enfrenta el riesgo de represalias comerciales por parte de Trump justo antes de las negociaciones para renovar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), crucial para la economía canadiense.

Diversificación comercial ante la política arancelaria de Trump

La decisión de Canadá se enmarca en una tendencia global de diversificación comercial frente a la política arancelaria proteccionista de Trump. Mientras que la Unión Europea cerró un pacto con el bloque sudamericano Mercosur y avanza en negociaciones con la India, China consolida su superávit con nuevos mercados en Europa y el sudeste asiático.

Desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, Trump ha impuesto aranceles de dos dígitos a la mayoría de las importaciones y específicos a industrias como el acero y el automóvil, en un intento por reubicar la producción dentro de Estados Unidos. Sin embargo, esta estrategia ha generado fricciones incluso con aliados cercanos, como Canadá, que ha sido objeto de amenazas comerciales, incluidas tarifas al aluminio y al acero, y la posibilidad de nuevos impuestos sobre bienes canadienses como represalia por críticas políticas desde las provincias.

Impacto interno y el desafío a Washington

El nuevo acuerdo representa un cambio de rumbo para Canadá, que en 2024 había replicado los aranceles estadounidenses del 100% a los autos eléctricos chinos. Ahora, la medida ofrece ventajas tangibles para sectores estratégicos, especialmente los productores de canola, cuyas exportaciones se beneficiarán de una reducción del arancel chino del 84% al 15%. Carney destacó la importancia de aprender de socios innovadores como China para desarrollar el sector automotriz competitivo en Canadá.

Sin embargo, el primer ministro enfrenta críticas internas por el posible impacto en la industria automotriz nacional. El primer ministro de Ontario, Doug Ford, acusó a Carney de “abrir la puerta a los vehículos eléctricos chinos a costa de los trabajadores canadienses”.

A pesar de las tensiones internas, el acuerdo establece límites para las exportaciones chinas de vehículos eléctricos al reducir el arancel solo hasta un máximo de 70 mil unidades en cinco años.

Revivir las tensiones diplomáticas con China

El pacto también revive tensiones entre Ottawa y Beijing tras los episodios diplomáticos derivados del arresto de una ejecutiva de Huawei en 2018 y las investigaciones por supuesta interferencia china en las elecciones canadienses. Este nuevo acuerdo podría complicar aún más las relaciones bilaterales, generando incertidumbre sobre la cooperación futura.

Más allá del impacto interno, el mayor riesgo para Canadá podría provenir del sur. La renegociación del T-MEC, que permite el libre tránsito de mercancías en América del Norte, será escenario de presiones estadounidenses. Los expertos anticipan que Trump podría amenazar con retirarse del acuerdo o imponer condiciones más duras para castigar la alianza con China.

William Reinsch, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), advirtió que este movimiento complicará las conversaciones y es probable que Estados Unidos adopte medidas de represalia, especialmente contra la industria automotriz canadiense. A pesar de las advertencias, el propio Trump se sorprendió el viernes con un comentario ambiguo: “Si puedes conseguir un acuerdo con China, deberías hacerlo”, dijo a periodistas en Washington.

Una estrategia flexible para Canadá

Carney aseguró que el convenio con China es preliminar y flexible, lo que le permitiría realizar ajustes si las negociaciones con Washington lo exigen. Según analistas, el primer ministro podría confiar en el apoyo de las grandes corporaciones norteamericanas —automotrices, agrícolas y tecnológicas—, que tienen interés en mantener la estabilidad del T-MEC.

“El mensaje de Canadá es claro”, concluyó la economista Mary Lovely, del Instituto Peterson de Economía Internacional. “Ottawa está demostrando que tiene otras opciones comerciales y que no aceptará condiciones humillantes impuestas desde Washington”.

En resumen, el acuerdo comercial entre Canadá y China marca un hito en el panorama económico global, desafiando las políticas proteccionistas de Estados Unidos y abriendo nuevas oportunidades para los negocios canadienses. Este movimiento estratégico también refleja la creciente importancia de Asia en el comercio internacional, así como la búsqueda de diversificación económica por parte de los países desarrollados.

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