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Menos libros, más pantallas: el cambio que podría afectar a la sociedad

El columnista Rod Liddle advierte sobre la "Desilustración", una era en la que el abandono de la lectura amenaza el conocimiento, el debate democrático y la alfabetización.

La era moderna, caracterizada por la inmediatez digital y la vorágine de información, enfrenta un desafío silencioso pero profundo: la Desaparición lectora. Este fenómeno, que algunos han denominado “la Desilustración”, representa una amenaza no solo para la cultura, sino también para la cohesión social y el desarrollo crítico de las sociedades contemporáneas.

El declive de la lectura en el siglo XXI

Rod Liddle, periodista británico para The Times de Londres, lanza un llamado de atención sobre este problema en su columna. Para Liddle, la cultura de la lectura está colapsando, dando paso a una nueva era en la que el conocimiento y el debate democrático pierden terreno ante la superficialidad y la Sociedad incapaz de sostener argumentos rigurosos.

El auge de las plataformas digitales, con sus “gruñidos bestiales” iluminados por emoticones, ha transformado el lenguaje en una mera herramienta para resolver necesidades inmediatas, erosionando cualquier disciplina necesaria para comprender un libro o disfrutar del ejercicio intelectual.

La tecnología, aunque ofrece respuestas instantáneas, no estimula la comprensión profunda ni el aprendizaje lento y constante que la lectura fomenta.

La alfabetización: un valor en peligro

Liddle advierte que la desaparición de la lectura es irreversible. “No se nace sabiendo leer; es una destreza que requiere tiempo y paciencia”, afirma, subrayando que la era digital nos priva de ambas cualidades. La educación, según el periodista, refuerza esta tendencia al desalentar el esfuerzo sostenido y omitir el contexto histórico y social del conocimiento.

Como consecuencia directa, los resultados académicos en lengua inglesa se desploman y la exigencia intelectual disminuye peligrosamente. La idea de que la adquisición de conocimientos es un valor en sí misma deja de promoverse, dando paso a una cultura de respuestas superficiales y carentes de profundidad.

Las consecuencias para la democracia y la convivencia plural

La desaparición del hábito lector tiene repercusiones profundas en la vida social. Liddle argumenta que los libros exponen al lector a múltiples visiones y opiniones divergentes, evitando el encierro en un estado narcisista donde la propia opinión se considera absoluta e intocable. La lectura fomenta la empatía, la tolerancia y el debate constructivo, valores esenciales para una sociedad democrática y plural.

En cambio, la cultura de la cancelación y las guerras simbólicas, alimentadas por la intolerancia ideológica, promueven la lógica de los enfrentamientos totales y la homogeneización de posturas. La Sociedad incapaz de tolerar el disenso crítico se convierte en una sociedad fragmentada y polarizada, donde el diálogo y la comprensión mutua son sustituidos por la confrontación.

Un llamado a la acción

Liddle concluye que la erosión de la lectura, unida a la intolerancia ideológica, representa una amenaza para la cultura, la democracia y la convivencia plural. La Desilustración avanza ante la indiferencia de una sociedad que ha dejado de valorar el saber y el disenso crítico. Es imperativo recuperar el hábito lector como una herramienta fundamental para construir una sociedad más justa, tolerante e intelectualmente rica.

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