Redacción TVOAI News |

Sarah Schleper hace historia para México: compite en su séptimo Juegos Olímpicos de Invierno y termina pista extrema

La esquiadora alpina se convirtió en la primera atleta vinculada a México en disputar siete Juegos Olímpicos de Invierno. Terminó la exigente prueba de Súper G en una carrera donde 17 competidoras no lograron finalizar.

La esquiadora alpina Sarah Schleper volvió a inscribir su nombre en la historia del deporte mexicano. La atleta se convirtió en la primera deportista en participar en siete ediciones de los Juegos Olímpicos de Invierno, un logro inédito para México y poco común incluso entre potencias tradicionales del esquí.

En la prueba de Súper Gigante (Súper G), una de las disciplinas más exigentes del esquí alpino por la velocidad y la complejidad técnica del trazado, Schleper terminó en el puesto 26 de 43 competidoras, registrando un tiempo de 1:31 minutos en una pista considerada especialmente complicada, donde 17 esquiadoras no lograron completar el recorrido.

La participación fue celebrada por la comunidad deportiva mexicana, no solo por el resultado, sino por el significado simbólico: la continuidad de una carrera olímpica que se extiende por más de dos décadas.

Una carrera olímpica excepcional

Schleper nació en Estados Unidos, pero desde 2014 compite representando a México, país del que es originaria su madre. Antes de portar la bandera mexicana ya había participado en cuatro Juegos Olímpicos con el equipo estadounidense, y posteriormente sumó tres más bajo los colores tricolores.

Su trayectoria olímpica incluye participaciones desde principios del siglo XXI hasta la actualidad, algo extraordinario en un deporte de alto desgaste físico. En disciplinas como el esquí alpino, donde la exigencia muscular, la velocidad y el riesgo de lesiones son permanentes, la longevidad deportiva suele ser limitada.

La propia atleta ha explicado en distintas entrevistas que su decisión de competir por México fue también personal y familiar:

“Siempre quise que mis hijos vieran que los sueños se pueden perseguir a cualquier edad”.

Ese mensaje ha sido parte central de su historia deportiva: compaginar la maternidad con el alto rendimiento. Schleper es madre de familia y, aun así, ha mantenido un calendario internacional de competencia y entrenamiento.

El reto del Súper G: velocidad, técnica y riesgo

Una pista que puso a prueba a las favoritas

La prueba de Súper G combina características del descenso —alta velocidad— con giros técnicos propios del slalom gigante. El resultado suele depender tanto de la técnica como de la lectura del terreno.

En esta ocasión, el trazado fue particularmente exigente. El dato es revelador: 17 de las 43 competidoras no lograron finalizar la carrera, ya sea por caídas, errores en las puertas o pérdida de control.

Completar la prueba ya representaba un reto importante. Schleper logró hacerlo de forma limpia, sin fallas graves, lo que le permitió colocarse en la posición 26.

En el esquí alpino, terminar una prueba en condiciones difíciles es considerado un mérito, especialmente para atletas provenientes de países sin tradición invernal ni infraestructura comparable con la de Europa o Norteamérica.

Un precedente histórico para México

México no es una nación asociada a deportes de invierno. La ausencia de montañas nevadas permanentes y centros de entrenamiento obliga a los atletas a preparar sus temporadas en el extranjero, lo que incrementa costos y reduce oportunidades de desarrollo.

Por ello, la participación de Schleper adquiere mayor relevancia. No solo rompe una marca personal, sino también un precedente nacional: ningún deportista mexicano había alcanzado siete Juegos Olímpicos invernales.

Su caso recuerda la importancia de los llamados “atletas puente”, competidores que abren camino a futuras generaciones. La presencia constante de México en disciplinas invernales durante los últimos años se debe en gran medida a iniciativas individuales y familiares.

Inspiración más allá de las medallas

Aunque no subió al podio, el impacto de Schleper trasciende el resultado competitivo. Su permanencia en la élite internacional durante más de 20 años representa un ejemplo de perseverancia en el deporte de alto rendimiento.

La esquiadora ha insistido en que su objetivo va más allá de las posiciones:

“Quiero inspirar a los niños mexicanos a intentarlo, aunque parezca imposible”.

Más que una competencia

El logro adquiere también un valor simbólico dentro del olimpismo. Participar en siete Juegos significa adaptarse a generaciones enteras de rivales, avances tecnológicos en equipamiento, cambios en reglamentos y evolución física del deporte.

En un escenario donde incluso completar la pista fue un desafío para casi la mitad de las competidoras, la actuación de Schleper confirma su experiencia y control técnico.

Para México, su participación representa algo poco habitual: continuidad en un deporte invernal. Para el olimpismo, es un ejemplo de longevidad deportiva. Y para el público, la historia de una atleta que encontró en la perseverancia la verdadera victoria.

La marca ya está registrada: siete Juegos Olímpicos de Invierno. Y con ella, una página inédita en la historia del deporte mexicano.

Un logro sin medalla, pero histórico para México

Aunque Sarah Schleper no consiguió medalla olímpica, su participación tiene un peso especial dentro del deporte nacional. En el contexto mexicano, la relevancia no radica únicamente en el resultado competitivo, sino en lo que representa competir de manera constante en un escenario donde prácticamente no existe infraestructura para deportes de invierno.

México carece de estaciones de esquí de alto rendimiento, federaciones con financiamiento amplio o ligas juveniles que formen atletas desde la infancia, como ocurre en países europeos, Estados Unidos o Canadá. En esas naciones, los esquiadores crecen entrenando desde temprana edad en montañas nevadas, con acceso a entrenadores especializados, tecnología y competencias cada fin de semana. En cambio, los atletas mexicanos deben preparar sus temporadas en el extranjero, cubrir costos elevados y sostener sus carreras casi de forma independiente.

Por ello, la continuidad olímpica de Schleper es considerada un precedente importante: demuestra que un deportista mexicano puede mantenerse en la élite internacional pese a las limitaciones estructurales.

Su caso también aporta visibilidad a disciplinas poco difundidas en el país. Cada participación olímpica ayuda a que federaciones, patrocinadores y autoridades deportivas volteen a ver el deporte invernal, un ámbito históricamente relegado dentro del sistema deportivo mexicano, tradicionalmente enfocado en fútbol, boxeo, béisbol y atletismo.

Además, el impacto es generacional. La presencia constante de un atleta en Juegos Olímpicos crea referentes, algo fundamental en la formación deportiva. Sin modelos visibles, la probabilidad de que niños y jóvenes aspiren a competir internacionalmente disminuye considerablemente.

En ese sentido, el valor del logro es simbólico y estructural: abre puertas. No es una medalla en el medallero, pero sí una contribución al desarrollo deportivo nacional.

Schleper misma ha explicado ese objetivo:

“Representar a México significa mostrar que no importa de dónde vienes ni las condiciones; si trabajas lo suficiente, puedes llegar”.

Así, su séptima participación olímpica se interpreta como una victoria distinta: no sobre el cronómetro, sino sobre las barreras históricas del deporte invernal mexicano.

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