Banco de México mantiene tasas en 7% ante riesgos inflacionarios
El Banco de México mantiene las tasas a 7% tras una relajación monetaria, balanceando la baja inflación con riesgos persistentes como la inflación de servicios y el contexto global.
El Banco de México se encuentra en una encrucijada estratégica al intentar equilibrar la relajación monetaria con la necesidad de mantener la estabilidad financiera. Después de reducir la tasa objetivo desde el 9.50% en marzo de 2025 hasta el 7.00% en febrero de 2026, el banco central ha decidido mantenerla sin cambios por primera vez desde el inicio de los recortes.
Esta pausa en las reducciones de tasas sugiere una cautela por parte del Banco de México, que reconoce los riesgos potenciales asociados a un descenso acelerado de las tasas de interés. El mercado interpreta esta decisión como una señal de prudencia: avanzar hacia tasas más bajas, sí, pero sin comprometer la convergencia inflacionaria.
La situación inflacionaria
El panorama económico actual muestra una inflación general del 3.69% al cierre de 2025, ya dentro del rango de variabilidad objetivo del banco central. Sin embargo, la inflación subyacente se ubica en el 4.33%, impulsada principalmente por los servicios, mientras que la no subyacente alcanza el 1.61%. Este comportamiento indica que la moderación inflacionaria observada proviene de componentes volátiles, no de los más persistentes.
Para 2026, el banco central prevé una inflación general del 3.95% y subyacente del 4.12%, cifras que implican una convergencia lenta hacia el objetivo. Bajo este escenario, recortar tasas no es necesariamente un error, pero sí una apuesta riesgosa que requiere una cuidadosa evaluación.
El contexto internacional
A nivel internacional, el Fondo Monetario Internacional estima que la inflación mundial descenderá al 3.8% en 2026. Sin embargo, este escenario optimista convive con tensiones que podrían revertir la tendencia. En Estados Unidos, la inflación subyacente se ubicó en el 2.5% en enero de 2026 y la Reserva Federal anticipa un cierre de año del 2.4%.
Sin embargo, un factor que podría cambiar el panorama es la política comercial estadounidense. Los aranceles impuestos por Estados Unidos han elevado la tasa efectiva promedio sobre las importaciones estadounidenses del 2% al 18% desde 2025. Hasta ahora, el impacto inflacionario ha sido limitado, pero la evidencia histórica sugiere que estos efectos suelen materializarse con rezago.
En este contexto, a medida que empresas y minoristas trasladen costos a los consumidores durante 2026, la inflación estadounidense podría repuntar hacia un rango del 2.7% al 3%. Esta situación pondría a la Reserva Federal ante un dilema clásico: sostener tasas altas para preservar la credibilidad o flexibilizarlas para evitar una desaceleración económica.
El dilema mexicano
La política monetaria mexicana no opera en aislamiento; el ciclo estadounidense juega un papel crucial. Reducir demasiado rápido el diferencial de tasas podría detonar una depreciación cambiaria y reactivar presiones inflacionarias vía importaciones. El Banco de México se encuentra, por lo tanto, ante un dilema más estratégico que técnico.
Por un lado, mantener tasas demasiado altas podría frenar el crédito, la inversión y el consumo en un entorno de crecimiento moderado. Por otro lado, relajarlas prematuramente podría obligar a un endurecimiento posterior, un escenario históricamente más costoso para la estabilidad financiera. La clave reside en encontrar un equilibrio delicado que preserve tanto el crecimiento económico como la estabilidad financiera.
Credibilidad y desafíos
El mayor desafío para Banxico no será decidir cuándo recortar nuevamente, sino resistir la tentación de hacerlo antes de tiempo. La credibilidad del banco central está directamente vinculada al costo financiero del país. Una pérdida de confianza elevaría las primas de riesgo de la deuda soberana, encareciendo el financiamiento público y privado.
Para México, la reputación de la política monetaria y del organismo central no es solo un activo técnico; es un pilar de estabilidad macroeconómica. Mantener la disciplina en la toma de decisiones y evitar la volatilidad excesiva en las tasas de interés son fundamentales para asegurar la confianza en el sistema financiero y fomentar un entorno favorable para la inversión y el crecimiento económico a largo plazo.
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