Redacción TVOAI News |

¿Qué pasaría si desapareciera el salario mínimo en México?

Eliminar el salario mínimo en México tendría consecuencias negativas: salarios más bajos, aumento de la pobreza laboral y desigualdad, sin garantizar mayor empleo o productividad.

Imaginemos un escenario en el que el salario mínimo desapareciera de la noche a la mañana. Un país donde ningún ingreso tendría un piso legal obligatorio, donde los sueldos se definirían únicamente por acuerdos entre empleadores y trabajadores, o por lo que el mercado esté dispuesto a pagar.

Esta situación podría sonar a flexibilidad y libertad económica para algunos, pero para otros sería un retroceso que podría costar décadas de avances.

Implicaciones del salario mínimo en México

En México, el salario mínimo no es una referencia marginal, sino un pilar fundamental en la estructura económica.

De acuerdo con datos del INEGI, al tercer trimestre de 2025, el 39.5% de la población ocupada ganaba hasta un salario mínimo.

En términos absolutos, eso significa que alrededor de 23.5 millones de personas dependen directamente de ese ingreso como base de su economía cotidiana. La proporción es aún mayor en el caso de las mujeres, con casi el 48% encontrándose en ese rango salarial.

Eliminar el salario mínimo implicaría retirar el ancla principal de ingresos para casi cuatro de cada diez trabajadores.

No se trataría de un ajuste técnico, sino de un cambio profundo en la forma en que se distribuye el ingreso laboral en el país, con potenciales consecuencias negativas para sectores vulnerables como los jóvenes, mujeres y trabajadores rurales.

Un recorrido histórico: pérdidas y recuperación del poder adquisitivo

El salario mínimo en México no siempre ha sido irrelevante. Durante buena parte del siglo XX, especialmente entre los años cincuenta y setenta, permitió cubrir con holgura las necesidades básicas.

Sin embargo, a partir de la década de 1980, el poder adquisitivo del salario mínimo comenzó a erosionarse, agravado por la inflación y la creciente desigualdad.

En la actualidad, se observa una tendencia al alza en los últimos años, con incrementos al salario mínimo que han ayudado a reducir la pobreza laboral, aunque sin resolver sus causas estructurales.

El desafío ahora radica en mantener este avance y fortalecer el poder adquisitivo del salario mínimo para asegurar un ingreso digno a los trabajadores.

La informalidad: un riesgo silencioso

México enfrenta un problema adicional: la informalidad. Cerca del 55% de los trabajadores se desempeña fuera del empleo formal, sin contrato ni prestaciones.

En este contexto, eliminar el salario mínimo no fortalecería automáticamente el mercado laboral; podría debilitarlo aún más.

Paradójicamente, en lugar de generar más empleo formal, la ausencia de un piso salarial podría incentivar la informalidad.

Si los sueldos formales se vuelven demasiado bajos o inestables, muchos trabajadores optarían por esquemas informales que, aunque precarios, ofrecen ingresos inmediatos. El resultado sería una menor recaudación, menos seguridad social y una productividad todavía más baja.

El espejo internacional: lecciones para México

Algunos países no tienen salario mínimo nacional. Suecia y Dinamarca suelen citarse como ejemplo: ahí, los salarios se fijan mediante negociación colectiva sectorial, con coberturas sindicales superiores al 80 o 90%. El resultado es baja desigualdad, desempleo relativamente bajo y alta productividad.

Sin embargo, trasladar ese modelo a México es complejo. La cobertura sindical en el país es inferior al 10% y la negociación colectiva apenas comienza a fortalecerse tras reformas recientes. Sin salario mínimo y sin sindicatos fuertes, el vacío no sería llenado por acuerdos equitativos, sino por relaciones laborales profundamente asimétricas.

El futuro del trabajo en México: hacia una vida digna

Si el salario mínimo desapareciera en México, no habría un colapso inmediato, pero sí un cambio profundo y riesgoso.

Los salarios más bajos tenderían a caer, la pobreza laboral podría aumentar y la desigualdad se profundizaría, especialmente entre quienes ya parten de condiciones desfavorables. Sin negociación colectiva sólida ni políticas complementarias, el mercado laboral quedaría aún más fragmentado.

Este ejercicio deja una conclusión clara: el salario mínimo no es una solución mágica, pero su ausencia tampoco resolvería los problemas de fondo. Más bien, expondría con mayor crudeza las fallas estructurales del empleo en México.

La verdadera pregunta no es si debe desaparecer, sino cómo fortalecerlo junto con la productividad, la formalización y la negociación colectiva para que el trabajo vuelva a ser una vía real hacia una vida digna.

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