Seis años después de su feminicidio, la UNAM entrega el título que Verónica Soto nunca pudo recibir
Verónica Soto Hernández terminó todos los créditos de Enfermería en la UNAM y tenía uno de los mejores promedios de su generación. Fue víctima de feminicidio en 2019. Seis años después, tras una larga lucha encabezada por su madre, la universidad le entregó un título
Verónica Soto Hernández terminó su carrera con uno de los mejores promedios de su generación, pero nunca pudo asistir a su ceremonia de graduación. Fue víctima de feminicidio en 2019. Ahora, seis años después de su muerte, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) finalmente le entregó el título que había ganado con esfuerzo.
La entrega del reconocimiento ocurrió el 30 de mayo de 2026, tras años de exigencias encabezadas por su madre, Andrea Soto, y acompañadas por colectivas feministas que impulsaron el caso hasta convertirlo en un símbolo de memoria, reparación y justicia.
Aunque el documento llegó demasiado tarde para Verónica, representa un precedente importante dentro de la máxima casa de estudios del país. Aquí te contamos quién era la joven universitaria, por qué la UNAM tardó años en reconocerla y qué sigue en la búsqueda de justicia por su feminicidio.
Una estudiante ejemplar cuya carrera fue truncada
Verónica Soto Hernández cursó la licenciatura en Enfermería y Obstetricia en la UNAM.
Al momento de su muerte había concluido el 100 por ciento de los créditos académicos de la carrera y mantenía un promedio de 9.6, colocándose como la tercera estudiante con mejor desempeño de su generación.
Cuando fue asesinada en 2019, realizaba su servicio social en el Hospital Militar de Especialidades de la Mujer y Neonatología, requisito que le faltaba para completar formalmente el proceso de titulación.
Su caso conmocionó a compañeros, profesores y familiares, quienes consideraron que la joven merecía recibir el reconocimiento académico por el que trabajó durante años.
La lucha de una madre que se negó a dejarla en el olvido
Desde el feminicidio de su hija, Andrea Soto emprendió una batalla para que la universidad reconociera oficialmente los logros académicos de Verónica.
Durante el funeral celebrado en 2019, autoridades universitarias se comprometieron a entregar un título póstumo. Sin embargo, esa promesa nunca se concretó.
Los años pasaron y la familia continuó insistiendo.
En 2024, Andrea Soto volvió a solicitar formalmente la expedición del documento, pero la petición fue rechazada bajo el argumento de que Verónica no había concluido el servicio social.
La respuesta generó indignación entre organizaciones feministas y miembros de la comunidad universitaria, quienes señalaron que la estudiante había cumplido todos los requisitos académicos posibles antes de ser asesinada.
La presión pública que cambió la decisión de la UNAM
El caso volvió a tomar fuerza en abril de 2026.
Diversas colectivas feministas realizaron actos de protesta frente a Rectoría para exigir que la universidad corrigiera lo que consideraban una omisión histórica.
Las activistas argumentaron que la entrega del título no era únicamente un trámite administrativo, sino una forma de reparación simbólica para una estudiante cuya vida fue arrebatada de manera violenta.
La exigencia cobró aún más relevancia después de que la UNAM entregara meses antes un título póstumo a la fotoperiodista Berenice Giles Rivera, estudiante de la FES Aragón fallecida en 2025.
Ese antecedente abrió la puerta para que la institución reconsiderara el caso de Verónica Soto.
Finalmente, la universidad accedió.
"Es parte de la justicia que nos corresponde"
Durante la ceremonia realizada a finales de mayo de 2026, Andrea Soto recibió el documento en nombre de su hija.
Visiblemente conmovida, aseguró que el título representa mucho más que un reconocimiento académico.
"Es parte de la memoria y la reparación. Por el solo hecho de ser integrante de la comunidad universitaria, merece quedar en la historia de la universidad", expresó.
La madre de Verónica recordó que detrás del documento existen años de dolor, lucha y resistencia.
También insistió en que el reconocimiento no sustituye la justicia que todavía espera la familia.
El feminicidio sigue impune
A pesar del acto simbólico realizado por la UNAM, el caso penal continúa sin resolverse.
Verónica Soto fue asesinada en Naucalpan, Estado de México, en 2019.
De acuerdo con organizaciones que acompañan el proceso, la investigación ha estado marcada por inconsistencias, omisiones y presuntas violaciones a derechos humanos.
Hasta mayo de 2026 no se reportan personas detenidas ni sentenciadas por el feminicidio.
Por ello, Andrea Soto aprovechó la ceremonia para recordar que la deuda principal sigue pendiente.
"La muerte de mi hija continúa impune, como la de muchas otras personas que nos han arrebatado", afirmó.
Un precedente para la memoria universitaria
La entrega del título póstumo de Verónica Soto podría marcar un antes y un después para la UNAM.
El caso abre el debate sobre la forma en que las instituciones educativas responden ante la violencia que afecta a integrantes de su comunidad y sobre la necesidad de construir mecanismos de reparación más sensibles y humanos.
Más allá del documento entregado, la historia de Verónica se ha convertido en un símbolo para miles de estudiantes que exigen espacios más seguros y justicia para las víctimas de violencia de género.
Porque, como recordó su madre durante la ceremonia, el objetivo no es que sea recordada por la forma en que murió.
La verdadera lucha es que Verónica Soto Hernández sea recordada por la vida que construyó, por su esfuerzo académico y por los sueños que le fueron arrebatados demasiado pronto.
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