Birmania cumple cinco años bajo el golpe militar: conflicto y crisis humanitaria sin fin
Birmania celebra cinco años del golpe militar, marcado por conflicto, crisis humanitaria y una resistencia armada que enfrenta a la junta. La situación se caracteriza por violencia generalizada, violaciones a los derechos humanos y un creciente sufrimiento del pueblo birmano.
Cinco años han transcurrido desde el Golpe militar que sacudió Birmania, dejando atrás un panorama marcado por el conflicto, la crisis humanitaria y una profunda fragmentación nacional. Desde aquel fatídico domingo, el país se ha visto envuelto en una espiral de violencia que ha dividido a su sociedad y generado un profundo sufrimiento entre su población.
El Precio del Conflicto
Las cifras del conflicto son escalofriantes. Organizaciones como ACLED estiman que casi 90.000 personas han perdido la vida en los últimos cinco años de combates, mientras que la Asociación de Asistencia de Presos Políticos (AAPP) cifra en casi 7.800 los no combatientes muertos y en cerca de 30.400 los detenidos por el régimen militar liderado por el general Min Aung Hlaing. Esta violencia generalizada ha desgarrado el tejido social birmano, dejando un saldo devastador de pérdidas humanas e infraestructuras.
La Resistencia Armada: Un Desafío al Régimen
En respuesta al Golpe militar, diversas fuerzas se han alzado en resistencia armada. Grupos de autodefensa y organizaciones históricas como el Ejército de Independencia Kachin (KIA), el Ejército Arakan (AA) y el Ejército de la Alianza Democrática Nacional de Myanmar (MNDAA) luchan por defender la democracia y la libertad en Birmania. Estas fuerzas, junto a grupos civiles, ponen en aprietos al régimen militar y representan una esperanza para el pueblo birmano que anhela un futuro libre de opresión.
Un Continuo Aumento del Sufrimiento Humano
La crisis humanitaria en Birmania se ha agravado desde el golpe. Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), el número de desplazados internos ha aumentado de alrededor de 300.000 a 3,6 millones debido al conflicto armado. Además, 16,2 millones de personas, casi un tercio de la población, necesitan asistencia humanitaria.
Las consecuencias del conflicto se extienden más allá del ámbito militar. El terremoto de marzo de 2023 dejó más de 5.500 muertos y puso en evidencia la incapacidad del régimen militar para responder a crisis de gran magnitud. A esto se suma la proliferación del tráfico de personas, los centros de estafa, la extracción no regulada de recursos y otras actividades ilícitas, según la ONG Human Rights Watch (HRW).
Llamamientos a la Unidad e Intervención Internacional
El secretario general de la ONU, António Guterres, ha expresado su profunda preocupación por el rápido deterioro de la situación en Birmania. Ha condenado enérgicamente todas las formas de violencia y ha llamado a todas las partes a ejercer la máxima moderación, respetar el Derecho Internacional y permitir el acceso humanitario sin trabas.
El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Turk, ha calificado las elecciones orquestadas por la junta como un acto que solo ha servido para exacerbar la violencia y la polarización social. Ha criticado al régimen militar por su represión a la disidencia política, los arrestos arbitrarios y la limitación del espacio cívico.
Ante este panorama sombrío, se hace urgente la necesidad de una respuesta internacional coordinada que impulse un proceso de diálogo inclusivo y ponga fin al ciclo de violencia en Birmania. El sufrimiento del pueblo birmano debe ser escuchado y atendido con urgencia, buscando soluciones pacíficas y duraderas a esta crisis humanitaria y política.
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